Bajo este nombre se conoce al plato creado en Francia de patatas laminadas con crema de leche y queso. En este caso será con parmesano.
Una parte importante y que luego hace del resultado algo espectacular sobretodo visualmente es cortar las patatas en láminas muy finas. Eso permite además que se pueda cocer más rápido.
Otro punto importante es que la patata sea recién cortada y no puesta en agua. Así el almidón, que hará que se espese mejor la nata, se queda en el molde y no en el agua.
Una vez tenemos las patatas cortadas en láminas necesitamos un molde para el horno, papel parafinado, mantequilla, queso parmesano y nata fresca.
Colocamos la base del papel para luego desmoldar fácilmente. Ponemos mantequilla y la esparcimos. Colocamos una capa de patatas, queso y cubrimos no del todo de nata. Vamos repitiendo el proceso teniendo en cuenta dos cosas, a saber:
- La sal. Pondremos la sal al gusto pero teniendo cuidado que el queso nos irá salando. Así que no hay que pasarse.
- La nata. No debemos poner nata en cada capa. Debemos ir aplastando la patata y ver si sobresale nata. En ese caso, omitimos poner la nata.
Ya sólo quedan dos pasos. Uno, hornear el molde tapado durante 45 minutos a 150º, aunque esto será relativo, dependerá de cantidades y tamaño de las láminas patatas. Y luego gratinar con más queso al final.
Es mejor hacer este plato mucho antes de pasarlo a comer. Ya que si lo dejamos enfriar luego podemos cortar el molde mucho mejor y poder presentarlo a nuestro gusto sin temor a que se desmonte.