Cuando sobra pan y uno no sabe que hacer, existen diversas opciones. Ésta que comentamos hoy no es la más fácil pero sí una con deliciosos resultados: Las migas.
Para empezar necesitamos pan duro. Éste lo pondremos en remojo con agua y leche (un 40% de la mezcla que sea leche, más o menos). Ha de quedar una masa uniforme, totalmente desmenuzado. Cuando esté lista, le quitaremos el agua sobrante con la ayuda de unos paños limpios.
Pondremos a dorar unas láminas de ajo. Cuando estén en su punto añadimos la masa ya escurrida. Lo importante es que vaya dorándose y secándose poco a poco, con el fuego bajo, la masa. Así iremos dándole vueltas, removiendo hasta que la masa se vuelva crujiente y dura. Así la iremos desmenuzando con la ayuda de unas varillas o de una cuchara de madera.
Aquí empiezan múltiples variantes. Por un lado podríamos tener un sofrito de cebolla y pimientos con chorizo y jamón para darle un buen sabor. O simplemente un buen chorizo y morcilla, con uvas al final de la cocción del plato. O bien sólo verduras. Y, ¿si le añadimos algo de pescado? ¿Y cómo le quedará pulpo cocido y troceado, añadiéndole pimentón rojo y sal maldón? Y, ¿qué pasaría si en vez de agua usaramos un caldo para humedecer el pan duro?
Y podríamos seguir así hasta aburrirnos. Hemos de pensar que se tarda bastante en hacer las migas. Así que paciencia, tiempo y tranquilidad con este proceso que promete buenos resultados.