Una sopa, una crema con un huevo cocido aporta más proteína y más vistosidad a un plato. Se engrandece. Sólo con cascar el huevo y dejarlo cocerse en el propio líquido que nos comeremos luego es genial. Pero (siempre hay un pero) mejor darle una vuelta de tuerca.
Se necesita un vaso o taza, papel film y un huevo fresco para empezar. Vamos poniendo un cazo con agua para que hierva. Se extiende una capa de papel film por dentro del vaso o taza y haciendo que sobresalga. Cascamos el huevo y lo colocamos dentro del vaso. Cerramos el pliegue del papel film, creando una bolsa. Debe quedar bien cerrada porque procedemos a hervirla. La forma será totalmente distinta. Los tiempos de cocción pueden permitirnos hacer una clara perfectamente cocida pero la yema no, produciendo un efecto similar al del coulant.